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¿Cómo se traducen las leyes?

El mundo de la traducción jurídica es uno de los más gratificantes, pero también es muy exigente. Es un sector sumamente especializado, por lo que nos traductores deben tener altos conocimientos en derecho comparado, es decir, en el derecho de los países de las lenguas con las que trabaje. Uno de las dificultades que los traductores jurados se encuentran en su día a día son los nombres de las leyes. Esta semana os contamos distintas estrategias para traducirlos correctamente.

 

Distintas formas de traducir leyes

El mayor obstáculo para los traductores jurídicos reside en que la legislación de cada país es diferente, por lo que a veces no existen equivalentes totales en las leyes, órganos y sujetos de derecho. El caso más común es el de las leyes, ya que por ejemplo si pensamos en el derecho inglés, no se trata de un derecho codificado sino que se basa en los antiguos casos que van creando jurisprudencia. Existen diversas opciones para traducirlas:

 

1. Realizar una traducción buscando la similitud con una ley española

Esta opción solo es válida si existe una equivalencia total entre las leyes, ya que si no, puede llevar a equívocos para las personas que lean la versión en español.

 

2. Dejar la ley en el idioma de origen

Existen ciertos partidarios hacia esta práctica. No obstante, sólo será válida si nuestro cliente tiene nociones del idioma de origen, por lo que no la recomendamos ene exceso.

 

3. Realizar una traducción literal y dejar el nombre de la ley en el idioma de origen entre corchetes

Esta sí es una opción válida ya que de esta forma el cliente entenderá la ley en cuestión y siempre podrá conocer el nombre de la ley del idioma origen, lo que permite consultarla en cualquier momento en los libros de derecho, algo sumamente útil para los juristas.

 

4. Realizar una traducción literal, dejar el nombre de la ley en el idioma de origen entre corchetes y escribir una nota del traductor sobre dicha ley

Por fin llegamos a la solución idónea. En la nota del traductor podremos explicar si existe algún equivalente similar en la legislación española, así como las diferencias que encontramos entre la ley de la lengua origen y la ley de nuestro país.

 

En definitiva, traducir leyes no es tarea nada fácil. Nosotros os recomendamos emplear la estrategia nº 4, es decir, realizar una traducción al español acompañándola del nombre de la ley en el idioma de origen y de una nota del traductor explicando las similitudes y semejanzas.

En las traducciones jurídicas no puede haber margen de error, por ello hay que elegir siempre a los mejores traductores, como los que forman la plantilla de Acantho. ¡Llámanos!

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